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MIEDO EN MIL PALABRAS O MENOS SEASON I. EVA

Los grilletes de plata causaban un intenso dolor en las muñecas de la mujer de piel pálida que, pegadas a las costillas, evidenciaban su estado famélico. El hedor chamuscado de cada herida producida por el metal, invadía la habitación. Estaba débil, así que la regeneración de sus tejidos ya no era tan veloz.
Entonces, ¿morirás de hambre? cuestionó el sujeto sentado frente a ella.
La mujer se mantuvo arrodillada con la mirada hacia el suelo. Su larga cabellera, de un azabache profundo, funcionaba como abrigo de su cuerpo desnudo. Los brazos forzosamente levantados por la corta longitud de las cadenas, hacían de su posición algo incómodo, pero no procuraba moverse.
Quince días han pasado... Ustedes los vampiros no pueden soportar más de 3 días sin alimentarse. ¡MUÉRDEME, MALDITA! el hombre temblaba a la par de su voz, acentuando su aspecto desvalido que iniciaba en unas profundas ojeras.
No hubo respuesta. La telaraña de cabellos mantenían ocultas sus facciones. Este soliloquio desesperó al captor de la mujer, quien buscaba provocar su violencia:
¡DI ALGO, MALDITA SANGUIJUELA! lanzó una patada al costado izquierdo de la prisionera, quien emitió un quejido casi inaudible. Acercó su brazo. Yo te cacé, eres mía... Debes obedecer mis deseos. ¡MUÉRDEME!
Este hombre había perseguido, capturado y asesinado a vampiros en casi todas las ciudades principales del mundo. Todos ellos de clase baja, de ninguno podría obtener lo que buscaba. Su descabellada esperanza se iba perdiendo hasta que se encontró con ella en una discoteca de Escocia, un reconocido sitio de alimentación y lujuria entre los seres de la noche. Sola, sin guardianes omegas a su alrededor, Eva -la segunda reina vampiresa- resultó ser la presa fácil de capturar... Todo un trofeo.
No has servido para nada... Vaya fama falsa de los Alfas... se agachó quedando a la misma altura de la mujer sometida. Hoy mismo morirás. Dejaré que el sol te calcine.
La temperatura cayó de manera repentina y un hormigueo recorrió la piel del cazador.
Ja Ja Ja... por primera vez, desde que fue capturada, se escuchó su voz. Levantó la cabeza y desde la cabellera enredada se escaparon fulgores provenientes de sus ojos totalmente enrojecidos.
Él retrocedió escuchando con horror algo que había pasado por alto:
Y... ¿Que harás con el eclipse solar que ya inició? JAJAJAJAJAJA.
Se puso de pie, retorciendo dramáticamente los brazos, tomando total dominio de ellos, y tras un crujido, cadenas y grilletes cayeron al suelo. 
Eva se mostraba con un cuerpo elástico, espigado que comenzaba a recuperar radicalmente su sana apariencia. Las llagas causadas por el contacto con la plata se cerraban sin dejar marcas. La captura, sometimiento y vulnerabilidad, absolutamente todo, había sido un teatro El hombre se postró a sus pies.
Por favor, mi reina... Te lo ruego, dame de tu veneno.
Lo miró con desprecio:
¿Mi reina? ¿Y el trato como un despojo? No necesitas más veneno que aquel que llevas en tus venas, puedo olfatear los químicos... Eres humano muerto.
¡NO, POR FAVOR! Yo te cacé, yo tengo derecho.
¿Cazarme? Jamás podrías... Ni estando sano. Solo me gusta jugar un poco. El poder y la inmortalidad resultan a veces aburridos.
Caminó hacia la ventana, empujó sus hojas y contempló la penumbra que ocultaba al sol.
¡Gracias por el hospedaje!

Saltó.





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