MIEDO EN MIL PALABRAS O MENOS SEASON I. EL DIABLO VENDRÁ POR TI
Posted by La retorcida noche de Jack
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Tenía 7 u 8 años, no lo recuerdo bien,
cuando por cuenta de una travesura y las palabras de mi tía, viví la más
horrible de las experiencias.
Jugaba con una pelota de fútbol en el
pasillo de la casona en la que me había criado con mis hermanos. Algunos de los
adultos nos habían advertido sobre el daño que podíamos causar a los adornos,
pero como niños, no medimos las consecuencias de desobedecer. El juego se hizo
más intenso y una de mis patadas disparó el balón hacia la habitación de mi
tía. Todos nos miramos mutuamente con aquellos ojos de miedo y la necesidad de
resolver el problema antes de que alguien se diese cuenta. Así que, como si hubiésemos
acordado por telepatía, entré al sitio que nos había sido prohibido muchas
veces.
El balón había dejado la puerta
levemente abierta, así que la empujé un poco más y avancé un par de pasos
cuando un aroma extraño se metió por los orificios de mi nariz. Levanté la
mirada y la escena me causó escalofríos: un montón de veladoras encendidas,
estampas y estatuillas de santos, y al nivel del suelo, unas pequeñas latas de
las cuales salían columnas de vapor amarillento. A un lado se encontraba la
pelota y alrededor, pedazos de yeso de dos de esas imágenes consideradas
sagradas. Me apresuré a recuperar el balón y cuando giré para escapar me
encontré de frente con ella, rígida con las manos cruzadas a la altura del
vientre y un rostro lleno de furia.
─¡Tía! ─Grité de la
impresión, pero luego, mientras apretaba el balón contra el pecho y bajaba la
mirada al suelo, susurré. ─Lo...
Lo siento.
─Eres un niño malo... No
quieres a Dios y Él, no te querrá. Verás que el diablo
vendrá por ti.
El miedo que inyectó en mi cabeza
funcionó como un resorte y salí huyendo del lugar. Mis hermanos preguntaron por
lo que había pasado al verme tan agitado y pálido.
─Nada, me asusté cuando la vi
allá dentro y ya ─mentí.
El resto del día estuve bastante
callado, aunque muy inquieto por dentro. Mamá se había cansado de interrogarme
por el motivo de mi actitud, pero yo había decidido callar, tanto porque no
quería un problema con la tía y porque simplemente el susto era tanto que no
quería sacarlo a relucir.
Cuando llegó la hora de ir a la cama
-dormía en la misma habitación con el segundo de mis hermanos-, me resistí a
que apagaran la luz, pero mi padre, siendo buen negociador, logró que aceptara
dejar un pequeño bombillo en forma de elefante, de esos que se conectaban
directamente al enchufe.
La verdad es que las palabras
premonitorias de esa mujer enfurecida por el daño a sus santos, me tenía dando
vueltas entre las cobijas. Varias veces levanté la cabeza para constatar que mi
hermano estaba en su cama. No sé en qué momento todo dejó de ser y la oscuridad
se apoderó de la habitación... El pequeño elefante estaba apagado. Apreté un
poco los párpados tratando de enfocar cualquier cosa en medio de las tinieblas
y justo en ese momento comencé a escuchar un sonido muy semejante a un pito...
no, no... Era igual a un pollito piar, a veces se escuchaba lejos y a veces muy
cerca. Mi hermano siempre ha sufrido de problemas respiratorios y supuse que
era él en una de sus crisis, así que me levanté, lo busqué y no estaba en su
cama, di vueltas sobre mis tobillos, tratando de dar con él hasta que choqué
con su cuerpo colgado en uno de los postes de la cabecera de la cama. Sentí mi
corazón sobresaltado... ¿Estaba muerto? No, sus ronquidos delataban que dormía,
pero ¿qué hacía allí? ¿Cómo había llegado hasta ese lugar? ¿Por qué no se
despertó? ¿Por qué ese poste estaba mucho más alto de lo que era?
De nuevo el sonido, pero ya no se sentía
único sino en una especie de eco multiplicado por mil. Provenía de afuera, pude
detectarlo, así que corrí a mirar por la ventana que extrañamente no tenía
cortinas. Por la acera, decenas de pollitos iban de un lado a otro, mientras un
hombre, totalmente vestido de sombras, los pisoteaba, dejando pequeños charcos
de sangre, vísceras y plumas. Estaba horrorizado, los pollos dejaban de piar y
chillaban al ser pisados. De repente, la silueta se detuvo, parecía observarme
sin ojos ni rostro. En medio de sus tinieblas, una sonrisa de dientes afilados
se dibujó muy nítida, se agachó y con total facilidad atrapó a una de las aves y
se la llevó a la boca arrancando la cabeza, después levantó la mano y me
saludó.
Si, me había estado observando desde que
detuvo su masacre de pollitos. Comencé a retroceder lentamente, sin poder
quitar la mirada de esa cosa que se mantenía en su saludo y sonrisa. Sentí que
algo me hacía tropezar y caía de espaldas, el techo de mi habitación dio
vueltas y quedé desvanecido. Desperté con la voz de mamá repitiendo que se nos
haría tarde para llegar a la escuela. Mi hermano dormía en su cama, las
ventanas tenían cortinas y logré ver el pequeño bombillo encendido antes que
mamá dispusiera de él para encender la luz principal.
Hasta el día de hoy, ese es un recuerdo
muy lúcido, del que me quiero convencer no fue más que una pesadilla, aunque
quien sabe si el diablo me visitó mientras hacía trizas a aquellos pollitos.

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