MIEDO EN MIL PALABRAS O MENOS SEASON I. SE ACEPTAN DEVOLUCIONES
Posted by La retorcida noche de Jack
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Podía verlo todo. El corazón latía a
toda velocidad, rebosado de terror e impotencia al presenciar el horrendo
espectáculo en primera fila sin poder detenerlo.
El primer disparó retumbó en toda la
casa. La chica lo recibió justo en el rostro cuando, llegando de una fiesta
después de la media noche, abrió la puerta desprevenidamente y él, la emboscó
saltando desde la oscuridad.
─¿QUÉ DEMO..?
El grito del padre fue interrumpido por
el segundo puñado de perdigones escupido por la escopeta directo al estómago. Se
desplomó desde la cima de la escalera, rodando casi que al tiempo en que el
asesino subía lentamente cada escalón sin evadir la sangre que llegaba hasta
sus pies descalzos. El tambor que produjo cada explosión aún hacía eco en mi
oído, al igual que el intenso olor a pólvora en las fosas nasales.
«Detente, por favor», imploré casi a
punto de romper en llanto, pero él ignoró mis palabras. Seguía avanzando como
un autómata...
«Te lo pido, ya para...», la
desesperación se convertía en una especie de espuma que me asfixiaba al invadir
los pulmones y estómago. «No era esto lo que quería... Solo quería darle una lección por soberbia». Sin respuesta.
Sus pasos atravesaron hasta el fondo del
pasillo donde se encontraba la habitación principal. Empujó la puerta sin
pretender ser sigiloso y recorrió el lugar con la mirada, parecía vacío, hasta
que descubrió el closet y hasta allí avanzó. De su interior provino un chillido
ahogado que impulsó a que apuntara con el arma hacía los tablones corredizos y
sin duda, disparó. Primero fue un quejido y luego un golpe tras el cual las
puertas se abrieron y el cuerpo de una mujer, la madre, cayó de bruces. Había
recibido el impacto certero en el pecho.
Yo, no podía más, estaba a punto de
entrar en shock. Esto no era lo que él había acordado. Ese no era el trato que
propuso cuando llegó a mí. Ella, la primera que cayó esa noche, me había
rechazado de la forma más humillante en pleno patio de la escuela. Todos se
rieron de mí... ¡ELLA SE RIÓ DE MÍ! Pero no pensé que esto sería así... No debí
aceptar ese contrato, pero estaba destrozado, humillado. Ese día me sentí tan
poco hombre.
«Ya terminamos, ¿verdad?» Insistí, «No quiero estar
más aquí».
¡Vaya! De nuevo me ignoró. Siguió
caminando y solo hasta que estuvo ante el espejo de la habitación su actitud
cambió. Las facciones del rostro pasaron de rígidas a las de un sarcasmo
malicioso. Allí en el reflejo, era yo empuñando la escopeta, pero los ojos -mis
ojos- estaban totalmente ennegrecidos, las mejillas y pómulos deformados por
una sonrisa que retaba la amplitud de mis labios.
«Devuelve mi cuerpo... ¡Ya, por favor!»
Esa horrible sonrisa brilló en el espejo
y su voz tronó rebotando en cada pared:
─CON GUSTO, AQUÍ LO TIENES.
Y sin que su maldad dejara de
observarme, se llevó el cañón del arma a la boca.

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