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MIEDO EN MIL PALABRAS O MENOS SEASON I. LA CASA DE ABAJO


No resulta nada extraño ver al abuelo sentado como un celoso velador en la terraza de la casa de abajo. Mañana, tarde y noche. Come estrictamente lo necesario y aun así no evidenciaba algún desgaste físico.
Se mece mientras su mirada dirigida hacia la boscosidad que rodea el lugar, se torna pérdida. Cada tanto tiempo se levanta y toma el extraño rifle que siempre mantiene erguido a su derecha, revisa cada ventana y asegura las dos únicas puertas: delantera y trasera. Luego regresa, mastica el tabaco que ha ennegrecido los dientes y sacude el frasco de vidrio en el que siempre se encuentra la misma cantidad de monedas:
"Ya pronto cumpliré mi cuota... Por fin, libre", le he escuchado murmurar demasiadas veces desde que llegué acá.
Me encuentro en la casa de arriba, ubicada en una loma bastante empinada, cuyo acceso más seguro es a través de un estrecho camino a pie. Desde hace 6 meses y medio estoy aquí entrenando para una misión que aún no he terminado de comprender:
La abuela se encarga de que aprenda y recite de manera exacta unos 106 conjuros, quizá un poco más. Luego viene una serie de ejercicios bastante descabellados y complejos para que la energía natural, propia del aquelarre al que pertenezco, fluya hasta convertirse en telequinesis y sanación instantánea.  Les juro que no estoy loca ni tampoco es un dramón para obtener likes.
Con el abuelo... Son dolorosas clases de combate sin armas combinado con el control de los elementos viento y fuego, y cada tres noches me siento a su lado en otra envejecida mecedora y disciplinadamente orienta el estudio del bestiario. Dice que es necesario que lo maneje a la perfección, que convierta mi cerebro en el libro mismo, para poder controlar lo que se encuentra dentro de la casa. Aún no sé qué es eso, no lo imagino, pero pienso que debe ser algo realmente terrible por lo que te voy a contar:
Esto lo he visto desde la ventana... 
Se supone que esa casa es un lugar turístico perdido en lo más alejado de cualquier ciudad o pueblo. No está en el mapa ni en los planes de agencias, pero desde muy niña he escuchado de "la casa de abajo" como una leyenda urbana que no tiene el mejor final para quienes la encuentran. Hace unos días, un automóvil llegó con 3 personas, primero fueron indiferentes a la presencia del anciano que se mecía mascando tabaco muy cerca de la puerta principal, luego leyeron el rústico letrero sobre el portal "LA CASA DE ABAJO... Prohibidas las fotografías" y dejando algunas monedas que nunca aumentan en cantidad al interior del frasco, entraron uno por uno, el abuelo cierra la puerta... De repente las ventanas se oscurecen y unas ráfagas de luz a la par de rugidos pavorosos se escapan del sitio. Al final, los que entraron nunca salen, el abuelo ingresa a calmar a la bestia y luego empuja, con una fuerza que no encaja con quien aparenta ser, el vehículo hasta un agujero distante que no parece tener fondo -quien sabe cuántas cosas se habrán desechado allí-.
Hace 6 meses y medio que llegué hasta este lugar, en 5 meses y medio, el abuelo cumplirá 100 años y yo 20. Él se marchará y yo tendré que cuidar que aquello que está dentro de la casa no escape y se dedique a matar más por maldad que por hambre; no sé qué clase de animal sea -si acaso es un animal-, pero lo veré el mismo día en que me convierta en la nueva guardiana y así, durante 80 años hasta que deba entrenar a alguien más que haya nacido en el mismo día y mes que yo.

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